"oh" dije asombrada.
¿Cómo no reconocerlo? mis amigas vivían hablando de él, yo no era realmente amante de su música, pero he escuchado algún que otro tema.
"¿Oh?¿Solo eso dirás?" reía ante mi reacción.
La gente imediatamente se levantó de sus asientos para ir hacía él, y pude notar como el hombre que estaba sentado detrás nuestro lo miraba con el seño fruncido. Los guardías del avión fueron a encubrirlo, pero él seguía extendiendo sus manos hacía la gente para saludarlas.
"Simon, ¿Por qué haces estas cosas? La condición de que viajes en una clase normal, era mantenerte encubierto, ¿eres estupido chico?" Dijo aquél hombre.
Simon solo reía.
"Kenny tu me conoces, no pude evitarlo"
"Vuelo 179, vamos a aterrizar, pueden quitarse los cinturones y les damos la bienvenida a EE.UU, Atlanta."
"Justo a tiempo" dijo Kenny suspirando.
Una niña se paro en su asiento y extendió sus brazos hacia Simon que sonriendo le tomo las manos.
"Hola bonita, ¿cómo te llamas?"
"Isabella" dijo frotándose los ojos
“¿Te gusta mi música pequeña?”
"Si" dijo temblando con emoción
"¿quieres un abrazo?" Isabella sonrió ampliamente y Simon levantó su pequeño cuerpito y en el pasillo del avión comenzó a girar provocando su risa.
"Debemos irnos chico" dijo aquél señor de tez negra con suma tranquilidad
"Nos vemos algún día Em" su sonrisa encantadora
"Nos vemos Simon" dije y él me dio un abrazo
"Ray, no puedo respirar" me miró divertido y me soltó cuidadosamente
"okey, ¿cuando vuelva a cruzarte me saludarás?" dijo sonriendo y se acercó a la salida, antes de terminar de bajar del avión para una limusima muy lujosa que lo esperaba.
"No lo creo, y menos con ese acento Ray" reí y el rió.
"Corres muy rápido" continuó riendo al igual que yo. Se puso de nuevo su capucha, sus lentes y bajó.
Tomamos nuestros pequeños bolsos y bajamos al aeropuerto en busca de nuestras maletas.
Las encontramos bastante rápido.
Posé mi vista en un pequeño niño que hacia enojar a la madre subiéndose a la cinta en donde se encontraban las maletas y reí ante la poca importancia que le daba a los gritos de su madre.
Pasamos por una tienda de regalos y compramos dos llaveros y unos caramelos. Luego salimos en busca del cartel que dijera "Allen" para el transporte. Vimos un señor vestido de traje con una corbata que graciosamente tenía a Bob Esponja levantando un cartel con el apellido de mi madre.
"Hola" dijo mamá amablemente
"¿Lauren Allen?" preguntó el señor dedicándole a mi madre una sonrisa realmente muy simpática.
"Si" dijo mi madre sonriendo también
"Mucho gusto, me llamo Henry McAllister" estrecharon las manos
"Permítame su maleta señorita" me dijo amable y nos dirigimos a su auto.
En todo el camino mi madre no dejaba de hacerle preguntas respecto a la ciudad y el hombre se las respondía con el mismo entusiasmo. Yo solo me dedicaba a ver las pobladas calles, no es nada parecido a Argentina y nunca lo será, es muy linda ciudad para irse de vacaciones, pero... ¿para vivir? no gracias, me quedo con mi ciudad.
Luego de como media hora el auto paró.
"Aquí estamos, hemos llegado"
Nos ayudó a bajar las maletas, nos dio un cordial saludo y se fue.
¿Cómo era la casa? moderna, muy luminosa, de cortes rectos, amplios ventanales, de dos pisos, con pileta, era hermosísima. Luego mire la casa de al lado, era muy hermosa también, y el triple de grande, y eso que nuestra casa era enorme.
Al entrar lo primero que hice fue correr a ver las habitaciones. Mi habitación tenia un estilo vintage, todos los muebles blancos y las cortinas lilas. La cama era de un estilo perfecto, de una plaza y media, llena de almohadones violetas, blancos con dibujos en plateado. Debajo de la cama había estantes blancos para guardar libros y un lindo puff lila. La lámpara era más vale cuadrada, animal print en zebra blanca y gris. El color de las paredes era un lila viejo y muy claro, perfecto. Luego entre en el armario y había un sillón Luis XV perfecto color violeta. Lo que siempre desee fue ese sillon y mi madre lo sabía perfectamente.
Sentí los pasos de mi madre y poco después se encontraba detrás mío.
"Hicieron un muy buen trabajo, exactamente lo que les pedí" dijo totalmente satisfecha.
Deje mi maleta sobre la cama y fui al baño privado que en ese momento descubrí. Puse mi shampoo y mis jabones y acomodé las toallas. Abrí los estantes y comencé a acomodar mi maquillaje y otras toallas para después. Fui donde mi cama y abrí la maleta. De ella saque la ropa interior y la guardé, luego los pantalones, las remeras, los buzos, sweaters y mis preciadas zapatillas y zapatos. Posé mi notebook sobre el escritorio y guardé mis libros en el mueble al lado de este.
Agarré mi celular y les mande fotos de la habitación a mis amigas que al instante me contestaron que me aman y que quedó divina, sin embargo, mi ánimo no mejoró para nada. Fui a la habitación de mi madre para ver como la había diseñado. Era todo estílo madera, hogareña, con unos muebles muy bonitos, y una cama de dos plazas, nada que ver a la mia, tenemos gustos totalmente opuestos.
Bajamos y comencé a prestarle más atención al living, un estilo retro. Piso de madera perfectamente pulido, sillones de cuero negro, una mesa ratona de vidrio, una chimenea de piedras, un televisor de 45 pulgadas, las paredes color manteca y una gran alfombra color ladillo. Detrás de los sillones, del lado derecho de la puerta de entrada había una mesa de vidrio bastante larga, debían entrar ocho personas, con sillas estampadas a rayas. Me dirigí a la cocina. El piso de mármol blanco, una mesa redonda de madera con sillas del mismo color que la mesa, sencillas, una mesada que ocupaba gran parte de la cocina, con un respetable horno y una moderna heladera.
"Tu padre nunca me había permitido tener una cocina asi" dijo orgullosa mi madre
"él solo quería tener su espacio de 'hombre' en donde lo único que hacía era ver estúpidos partidos de fútbol y beber cerveza con sus amigos" bufó ante su comentario, yo solo la observé en silencio, nunca la había escuchado criticar nada de lo que mi padre hizo, ella siempre aceptaba todo lo que él decía con una sonrisa y nunca la escuche quejarse en cuanto a eso.
"Ve a bañarte mientras cocino algo, mañana estaremos de ronda por la casa de los vecinos presentándonos así tenemos algún que otro amigo"
Subí en silencio, elegí mi pijama favorito, puse una silla al lado de la puerta del baño, abierta, con el celular con música, estaba sonando Whistle de FloRida, solo esperaba que me subiera un poco el ánimo. Abrí el grifo y comprobé la temperatura, perfecta. Entre y la falsa lluvia cayó sobre mi cabeza. Comencé a tararear pero mi cabeza estaba realmente en otro lugar, en otra ciudad, en otra historia.
Me acordé de muchas cosas, de Alex, de mis amigas, de mis abuelos, de mis tíos, de mis primos, de todos ellos. No pude evitar derramar un par de lagrimas, ¿Qué haría sin ellos? Tan alejada de todos, sin sus charlas cara a cara, sin sus abrazos, besos, o simples caricias, o grandes sonrisas. Yo solo quiero ir a lo de mi abuela y darle un gran abrazo, esta grande, tiene 75 años, estaba de una salud estable pero tengo miedo, porque últimamente anduvo con muchos dolores estomacales y seguramente la internen, y no voy a poder estar ahí para ella, y duele, duele mucho. Ella fue la que me crió cuando mis papás trabajan tanto, cuando hubo una época de problemas financieros en el país, ella me daba de comer, pasábamos casi todos los días juntas, jugábamos a las cartas, veíamos televisión, nos pintábamos las uñas, rezábamos, bailábamos. Me acuerdo que siempre cuando me quedaba a dormir, después de comer me daba una barrita de chocolate y nos íbamos a su cama a ver su novela, y que a la mañana siguiente me despertaba con el mismo desayuno que yo felizmente comía, galletitas con chispas de chocolate y jugo de manzana, o naranja, o té, dependiendo de lo que haya comprado en la semana. Me llevaba al parque a andar a caballo, a la playa a hacer castillitos de nieve, al centro y siempre me daba lo que le pedía. Amaba andar en el bus con ella, la extraño tanto.
Sentí que me ardía una lastimadura del pie y comencé a darme cuenta que ahora se estaba escuchando Goodnight de Black Eye Peace. Observo mi pie "Maldita sea" ¿Pero qué se le va a hacer? Parte del oficio, parte del deporte, parte del hockey. Yo amaba el hockey, luego de la danza fue el mejor hobbie del mundo. Tenía un equipo, prácticamente mi familia, gran parte de mi vida la pase con ellas, me enseñaron a ser fuerte, a creer, a insistir y persistir, a esforzarse y dar todo de sí para el resultado, a ser un equipo, a ser un solo objetivo que se mueva en conjunto.
Tomé el shampoo y comencé a masajear mi cabeza, no quería pensar más "That tonight it's gonna be a goodnight" comencé a cantar el estribillo. Luego me enjaboné el cuerpo y me enjuagué "I got a feeling". Comenzó a sonar Mirrors de Justin Timberlake, una de mis canciones favoritas. Me acuerdo cuando fui a verlo, había ido con mis mejores amigas, mis hermanas "There's a poket full of sould" apagué la ducha y me envolví en el toallón "just put you're hands on the glass" me miré en el espejo y cansada y sin ganas de nada comencé a peinar mi pelo. Me puse mi pijama "Nos vemos Justin" apagué la música y bajé a ver que había cocinado mi madre.
"Hola mi amor" me dijo mi madre mientras apoyaba los platos de ravioles en la mesa. Observé detenidamente aquella mesa redonda. Me senté en silencio y comencé a comer sin ganas.
"¿Qué te pareció la casa?" me preguntó mi madre intentando sacar tema de conversación.
Yo no contesté.
"Ema, te hice una pregunta"
"Bien, nada como Sidney" dije con mi mirada fija en el plato.
Me levante de la mesa para ir a lavarme los dientes.
Antes de salir, con el hombro contra el marco de la puerta de la cocina dije "Muy rica la comida mamá" y me alejé.