martes, 5 de agosto de 2014

Capítulo tercero "la realidad choca con la felicidad"

"-¡Emma Joyce!" escuché gritar a mi madre.

Solo corría y corría.
Esquivaba y esquivaba gente.
Me choqué con una pareja, les di mis cortas y sinceras disculpas y seguí corriendo. 
Puede sonar egoísta pero mientras escapaba del aeropuerto no pensaba en nadie más que en mí.
De repente me choque con alguien, no lo vi muy bien, llevaba un hoodie negro con la capucha puesta y anteojos Ryban, pero parecía de mi edad o un poco más grande tal vez.

“-Perdón, no te vi.” le dije al encapuchado con un jopo a la vista.

“-No te preocupes cariño.” me dijo con una sonrisa que pocas veces vi, tenía acento canadiense así que me sentí familiarizada.

“-¿Por qué sonríes?” le pregunté, pero mi vista no estaba en él, estaba detrás, donde los policías me perseguían.

“-Porque eres hermosa.”

“-¿Qué? No, para nada.”

Vi a los policías acercarse y comencé a correr nuevamente, el chico seguía mirándome con una gran sonrisa. Sentí unas ganas tremendas de besarlo, golpearlo y devolverle la sonrisa. Todo al mismo tiempo, pero no podía pararme a pensar en una respuesta un poco más ingeniosa.
Seguí y seguí, ya podía ver los carteles gigantes que señalaban la salida del lugar.
Estaba feliz.
Aunque mis piernas ardieran por el ejercicio inesperado ya podía ver las caras de felicidad y sorpresa de mi hermano y mi padre cuando llegara a casa anunciando que no pensaba irme a Atlanta por las buenas, tendrían que arrastrarme hasta allí y aún así no cambiaría mi opinión.
De repente, y sin avisar un policía se interpuso delante de mi camino y otro detrás, me tenían acorralada.
Intenté escapar, pero ya era inútil, uno de ellos me había tomado del brazo, podía asegurar que más tarde encontraría un moretón violáceo debajo de mi ropa. Me alzó cual niña pequeña y me llevó de vuelta al avión. Al entrar, mi madre me vio asombrada y asustada a la vez.

“-¿Cómo se te ocurre hacer algo así? Estaba muy preocupada, si lo vuelves a hacer te juro ”

Estaba llena de adrenalina, la miré con furia, fijamente a los ojos y me senté donde debía, decidida a ignorarla por el resto del viaje.
Por suerte, todavía no había nadie sentado así que decidí sentarme del lado de la ventana. Saqué el celular de mi bolsillo y entré en Facebook, tenía varios comentarios en mi perfil, que me iban a extrañar, que me querían, o que solo me deseaban suerte, la mayoría de ellos, en el tiempo en el que estuve en Sídney ni la hora me daban. No había nada que odiara más en el mundo que la gente falsa y las mentiras, no podía disimular mi cara de odio cada vez que me encontraba con alguna de ellas.
Mis ojos se llenaron de lágrimas al ver a esa persona en mi muro. Aarón
¡Santa Madre! ¿Mi ex escribiéndome una carta? ¡Por Dios!
No me decía Emlinda desde hace tres meses. Procuré no llorar y comencé a leerla en silencio.

Emlinda, ayer me enteré que te mudas a Estados Unidos, mi vida, quiero que sepas que te voy a extrañar como nunca. Significas todo para mí, a pesar de nuestras peleas, y de que hayas cortado conmigo, quiero que sepas que sigo pensando en vos cada mañana, cada tarde, cada noche, en fin, cada día desde que nos separamos. Sé que esto suena muy raro, pero es la verdad, y no puedo creer que ya no pueda verte más. Lamento mucho lo que te hice pasar, y espero que no sea muy tarde para disculparme. Gracias por todo mi vida, te amo. Aarón.

Al terminar de leerla, tome unos pañuelos descartables y me sequé la humedad que escapaba de mis ojos. Odiaba llorar, pero en todo lo que iba del día las lágrimas salían solas, sin que pudiera hacer nada por detenerlas.
No iba a dejar que me afecte, él tenía toda la culpa, y lo sabía. Ser infiel no se perdona, por lo menos yo aprendí a nunca perdonar a un infiel, porque al hacerlo, te volverá a fallar nuevamente. Si te fue infiel, lo volverá a hacer, porque está en su instinto, es simplemente él, un cretino al igual que muchos.
Luego de leer alguna que otra carta emotiva más, decidí ponerme los auriculares y escuchar música, necesitaba estar tranquila, y no pensar en el futuro por un rato, pero eso lograba que recuerde el pasado, y luego el presente, y que me duela el cambio.

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